Suena tu teléfono, y una cálida voz, que por regla general es de mujer, te ofrece un maravilloso producto o servicio que hasta ese momento tú no sabías que necesitabas. Atiende a todas y cada una de tus palabras generando un clímax de confianza, que convierte una fría llamada en una atención totalmente personalizada.

Sin duda, se requiere de mucha profesionalidad para hacer esto reiterativamente llamada tras llamada, sin descanso y con un margen de segundos para clasificar o agendar la última llamada y dar paso a la siguiente. Para mantener la “sonrisa telefónica” durante una dura jornada marcada al ritmo de los “no me interesa”, “te voy a denunciar”, “sois unas pesadas”, “deja ya de molestar h… de p…”. Y soportar la presión que ejerce sobre ti tu coordinador porque no llegas a los objetivos con la inminente amenaza de despido a tus espaldas.

Este es el día a día de una trabajadora en el sector del telemarketing. Solo tenemos que analizar las condiciones objetivas que se vienen dando en los llamados Call Centers (centros de llamadas) o en su nueva y “ventajosa” modalidad de teletrabajo, para deducir que una vez más, la precariedad tiene rostro de  mujer.

Portada del sexto número de la revista El Duende, publicado el 7 de diciembre de 1913: incluía un reportaje sobre las precarias y abusivas condiciones laborales de las telefonistas. Más de 100 años después, las cosas siguen igual.

Contratos a tiempo parcial de 20 a 30 horas con salarios de miseria

El salario medio de una teleoperadora oscila entre los 400 y los 800 euros de media. No son pocas las mujeres que tienen que sustentar a sus familias con esta miseria perpetuando su situación precaria y de pobreza.

Sin embargo, se anuncia a bombo y platillo en los medios la proliferación de estas empresas, Como UNISONO, SITEL, COMDATA, KONECTA… “Pro y feministas” que generan empleo pensando en las mujeres que tienen que conciliar su vida laboral con el ámbito doméstico y de cuidados.

Lo que no dicen estos medios es el discurso que estas empresas se reservan para sus colmenas telefónicas: “No podemos ampliaros la jornada porque a partir de “X” horas dejáis de ser productivas”…, “si tenéis que cerrar alguna venta fuera de horario laboral es asunto vuestro, entendemos que tenéis que llegar a los objetivos pero ese tiempo de trabajo no se remunera”… “Sois unas privilegiadas, trabajáis pocas horas y tenéis un salario fijo más los incentivos”.

Esta última sentencia se merece un punto y aparte para aclarar, a quienes no conocen el funcionamiento interno de este sector, cómo funcionan los incentivos por objetivos. Por un lado, siempre se cobran a posteriori, es decir, al mes siguiente, y si te despiden antes no los ves. Y por otro lado, desde hace relativamente poco tiempo se ha implantado el sistema de puntos, de manera que tú no recibes dinero por tus objetivos, sino que se te asigna una cantidad de puntos que tú puedes canjear en una página web que la empresa pone a tu disposición con una serie de artículos (elípticas, televisores, viajes…) para que los compres o los canjees pagando una tarjeta donde puedes ingresar el dinero que compres.

No es difícil entender que para una trabajadora que no llega a final de mes no es precisamente motivacional comprar un aparato de última tecnología cuando no puede llenar su frigorífico para comer.

Síndrome crónico de estrés

Hilando con el apartado anterior, hemos de señalar este sistema de incentivos como una de las principales fuentes causantes del estrés, la ansiedad y los ataques de pánico que sufren diariamente las trabajadoras de este sector, siendo un 30% del total de las empleadas las que padecen un síndrome crónico de estrés.

Es un hecho que si no cumples los objetivos, es decir, si no eres “productiva”, suena “la llamada exprés del despido”.

Caeríamos en la simplicidad si justificáramos el alto índice de rotación de las trabajadoras de este sector, aludiendo a que el principal motivo de desvinculación en esta industria es por decisión de las trabajadoras “que no soportan el estrés”.

No es que las trabajadoras no soporten el estrés al que son sometidas y que bajo ninguna circunstancia debería de tolerarse en ningún sector. De hecho, son muchas las teleoperadoras que se enfrentan a su jornada medicadas con ansiolíticos y fármacos antidepresivos porque no pueden permitirse una baja, más aún, siendo conscientes de que eso causaría su despido inmediato.

Son insalubres la presión que se ejerce sobre estas trabajadoras y las prácticas de mobbing o acoso laboral que vienen siendo habituales en un sector donde se “normaliza” que se saque de línea a una trabajadora durante tres días, haciéndola ir a su cubículo o cabina para “no hacer nada” esperando la carta de despido, para que sirva de ejemplo a sus compañeras e interioricen qué les pasará si no cumplen sus objetivos.

Práctica tan habitual como que se esperen a que te coloques los cascos para brindarte la carta de despido delante de todas tus compañeras, que observan como recoges rota tu mesa de trabajo. ¿Técnicas motivacionales? No sé a ustedes, pero a mí no me motiva ver levantarse a una compañera con un ataque de ansiedad porque ha descubierto que esta despedida al ser bloqueada en el sistema de llamadas.

Inestabilidad laboral

Quizás ahora entendáis por qué en las páginas de búsqueda de empleo, como Infojobs, todas las semanas aparezcan periódicamente publicitadas por distintas ETT´s vacantes para cubrir los mismos puestos de teleoperadora.

El quid de la cuestión no se centra en la tolerancia o no de las trabajadoras al estrés sino que atiende a los intereses propios de la industria del telemarketing. Para ellos, sólo somos números, si no das las cifras te echan y punto. Tienen un ejército de reserva esperando cubrir tu puesto de trabajo.

Esta realidad acompaña a las trabajadoras durante toda la jornada y, para que no se olvide, se refleja gráficamente en una pizarra donde tienes que apuntar tus objetivos con una doble intencionalidad: controlar y generar competitividad entre las compañeras. “Tanto vendes, tanto vales”.

Esta industria ha implantado en su sistema todos y cada uno de los mecanismos del capitalismo para evitar que las trabajadoras se organicen y luchen por sus derechos, estableciendo como regla prioritaria el “divide y vencerás”.

Esto no solo se aplica en su funcionamiento interno con técnicas como la que acabamos de señalar, sino que además, es cada vez más habitual la deslocalización de los centros de trabajo o la modalidad del teletrabajo para dificultar la organización de las trabajadoras por un lado y, por otro, para aumentar sus beneficios o bien, implantando “sites” (plataformas) en países donde los derechos laborales son papel mojado, o bien, promoviendo la modalidad del teletrabajo donde es la propia trabajadora quien asume una parte de los costes de la producción (internet, luz, material informático…).

De manera que cuando estas empresas presumen de haberse expandido a nivel global creando sites en países suramericanos o del Este por ejemplo, omiten las condiciones laborales que sufren sus trabajadoras en esos países, donde una teleoperadora apenas llega a cobrar 300 euros por la misma jornada que  realizamos aquí por unos 700 u 800 euros.

Asimismo, cada vez es más habitual que una empresa de telemarketing se abastezca de trabajadoras a través de cuatro o cinco ETT´s diferentes. Aumentan sus beneficios reduciendo costes en despidos, bajas e indemnizaciones y se surten de trabajadoras de “categoría B” que sufren un grave deterioro en sus condiciones laborales con continuas altas y bajas por meses e incluso por días, ocupando en no pocas ocasiones, de manera fraudulenta, puestos estructurales de la empresa. Y a su vez, evitan la unidad de acción de las trabajadoras en la defensa de sus derechos laborales.

Otro de los principios básicos por los que se rige la industria del telemarketing se basa en aquello de “el tiempo siempre juega a tu favor”. Y es que si no das tiempo a que las “semillas germinen, difícilmente recogerás una cosecha”. De modo que si las trabajadoras entienden su trabajo en el sector del telemarketing como un lugar de paso, es menos probable que intenten sembrar conciencia para luchar contra la precariedad y la explotación en los Call Centers.

Por contra, no penséis que las empresas invierten recursos en este vaivén de trabajadoras. Las ETT´s y las formaciones no retribuidas con carácter selectivo, son la fórmula idónea para hacer rodar este engranaje que nos somete a una, cuanto menos, desesperante inestabilidad laboral.

Inestabilidad laboral, explotación, temporalidad y trabajo a tiempo parcial son elementos que se reiteran una y otra vez en los sectores altamente feminizados, y por ende precarizados.

Cubiertas por un velo de invisibilidad, las trabajadoras de este sector sufrimos unas condiciones indignas para cualquier ser humano.

El patriarcado se ha encargado de adjudicarnos un papel protagonista en la industria del telemarketing sosteniéndose en estereotipos tales como que las mujeres tenemos una voz más dulce, somos más empáticas, tenemos mayor tolerancia a la frustración…

Características que el rostro amable del capitalismo ha sabido aprovechar para explotar indiscriminadamente a todas las mujeres en este ámbito: estudiantes, mujeres en paro con o sin formación, mujeres nativas y extranjeras, mujeres que ya no son productivas en otros sectores porque su salud física se ha degradado o, porque por su edad, ya no se las considera operativas en sectores tales como la hostelería o la limpieza. Todas con un nexo en común: nuestra condición de clase y de género.

En nuestro sector, se repite el patrón de otros sectores claramente feminizados como lo son: la limpieza, las Kelly´s, la ayuda a domicilio o las trabajadoras domésticas entre otros. Se infravalora nuestro trabajo porque se corresponde con los roles que tradicionalmente el patriarcado nos ha atribuido (limpiar, cuidar… y trabajos que impliquen emociones) y que durante siglos hemos realizado sin retribución alguna.

Y no será el capitalismo quien dé valor a nuestro trabajo, sino que por el contrario, cuando el trabajo se feminiza, las condiciones laborales empeoran. Y esto se debe en gran medida a condiciones estructurales que aumentan sobre nosotras la presión para soportar trabajos mal retribuidos y disminuye nuestras posibilidades de elección, influyendo de manera determinante la doble carga del trabajo reproductivo y de cuidados.

El sistema de producción actual ha sabido beneficiarse de esta doble explotación, y los Call Centers son sin duda, un claro ejemplo de cómo sacar el máximo partido de los roles impuestos por el patriarcado generando empleos precarios, inestables y con una carga emocional que atentan contra la salud de las trabajadoras que encadenadas a sus auriculares te atienden amablemente desde el otro lado de la línea.

Es hora de hacer una llamada a la organización

y a la lucha de las trabajadoras del sector de telemarketing,

¡por nuestros derechos y por un trabajo digno!

¡Es hora de colgar al capitalismo!

Área de la Mujer – SAT Granada

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