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(Foto: Dios los cría y ellos se juntan)

Cariacontecidos y prestos al lavado de cara se presentaron los responsables de Hostelería de CCOO y UGT a una asamblea el pasado 1 de marzo. Allí no hicieron otra cosa que confirmar la humillante derrota y tomadura de pelo que les ha vuelto a asestar la Patronal del sector tras más de cuatro meses de negociaciones, por llamar a esta pantomima de alguna manera.

Dicha asamblea (desplazada del salón de actos del edifico que el gobierno les edificó en La Chana a un salón más pequeño y externo donde se aparentara una mayor afluencia de trabajadores) debía ratificar los términos finales de la negociación tras una poco creíble amenaza de convocatoria de huelga para la cada vez más próxima Semana Santa. Tales extremos era sólo uno: el convenio no se había negociado y sólo se había modificado la tabla salarial que prevé una subida salarial de 2’65 % para los años 2018 y 2019.
Desde que el TSJA validara la no prescripción del convenio colectivo, tanto CCOO como UGT había buscado desesperadamente el concurso de una patronal hostelera granadina (que ha ido ganado posiciones y más peso específico dentro del tinglado de la Confederación Empresarial con el ascenso de Trinitario Betoret a vicepresidente de la misma) para legitimarse y conseguir un nuevo convenio al precio que fuera. En este estado de cosas se llegó al compadreo de El Coso, donde una delegación de patrones y sindicalistas oficiales se comprometieron, en uno de los comedores privados del establecimiento, -entre loncha de jamón de pata negra y cubalibre de importación- a llevar adelante un acuerdo que satisficiese a ambas partes. Así, sólo con el compromiso y alguna declaración pública de buenas intenciones por parte de los patrones, fueron pasando los meses hasta que se llegó a sentar alrededor de una mesa a los tradicionales firmantes del convenio.
Vistos los dos desastres acontecidos en los últimos convenios provinciales del sector firmados en Andalucía (Jaén y Sevilla) , los trabajadores nos echamos a temblar. Por si fuera poco, el total secretismo y opacidad con que se condujeron las negociaciones, poco o nada ayudaron a que se pudiera albergar esperanza alguna en el nuevo convenio que, nos decían, estaba por llegar. Y así pasaron los meses, entre trifulcas y acuerdos metidos con calzador con el concurso de los técnicos del Consejo andaluz de Relaciones Laborales que, finalmente, no han servido para nada pues la patronal se desdijo en todo lo negociado y pegó una espantá cuando el acuerdo parecía presto a firmarse.
Cabría, pues, preguntarse ¿Qué ha quedado de meses de reuniones y gastos en desplazamientos comidas y alojamientos? Ha quedado en la firma de unas tablas salariales que no palían la pérdida de poder adquisitivo sufrido por las trabajadoras y trabajadores del sector ( que no se aplicará prácticamente en ninguna empresa y que, en donde se aplique, no significará ni 20’00 € limpios más al mes), en el cobro de un canon sindical a los más de 15000 empleados del sector y en que los descuelgues del convenio (inaplicaciones) quedan sin efectividad con la firma del nuevo acuerdo.
La política del mercachifleo de nuestros derechos a cambio de aumentos salariales, que es la base de este sindicalismo caduco que CCOO y UGT representan, no puede aparecer más agotada. La Patronal no quiere acuerdos al estar tremendamente favorecida por las sucesivas reformas laborales aplicadas por PSOE y PP y en la que los sindicatos del poder han transigido: la aceptación de la flexiseguridad laboral, la renuncia a una verdadera negociación colectiva basada en la unidad de los trabajadores y la participación de estos en la misma y el “reparto del pastel” se han terminado.
Mientras tanto, los males endémicos del sector siguen presentes y ni CCOO ni UGT luchan para combatirlos. Precariedad, malcontratación, el fraude masivo a la Seguridad Social, total y absoluta falta de respeto, no ya al convenio, sino a la legislación laboral más básica, imperan en más del 90% de las empresas de Hostelería y Turismo. Y, por si todo esto fuera poco, CCOO y UGT negocian desde Madrid convenios estatales que se aplican en numerosas empresas que tienen actividad hostelera (Delivery, Servicio de Hostelería a Comunidades, etc.) y que contribuyen a desmembrar un sector ya suficientemente desregularizado a base de inaplicaciones de convenios.
Desde la óptica del Sindicato Andaluz de Trabajadores y Trabajadoras (SAT), el camino para recuperar y hacer efectivos nuestros derechos pasa por una política sindical de participación y unidad entre los trabajadores que, mediante asambleas y contraste de ideas, impongan las condiciones ya pactadas e impulsen un futuro convenio donde se aborden medidas concretas que hagan imposible el abuso permanente que padecemos, la externalización, la desregulación y el robo generalizado al que los empresarios nos someten. Mientras tanto, seguiremos peleando, empresa por empresa, para hacer efectivo lo que ya está acordado y que de aplicarse en su totalidad restaría en su mayor parte el gigantesco saldo de iniquidad y latrocinio patronal y de incapacidad y traición a sus compañeros de clase por parte de los “Pili y Mili” del sindicalismo caduco que padecemos y que, en el sector de la Hostelería granadina convoca unas cifras de afiliación que producen absoluto sonrojo y que no son otra cosa que el resultado de su transigencia e inoperancia para resolver nuestros problemas laborales.
El sindicalismo que tanto CCOO como UGT representan no nos sirve para nada. Desde nuestra óptica de un sindicalismo de Clase, unitario, feminista, asambleario y andaluz, vamos a seguir dando respuesta a las verdaderas necesidades de los trabajadores y trabajadoras de la Hostelería y lo seguiremos haciendo “a pie de tajo” y no en las reboticas de restaurantes o departamentos gubernamentales.
Cuentan, que por el año 390 a.c. el jefe galo Breno derrotó a los Romanos y, entre ambas partes, negociaron el precio de mil libras de oro como rescate para evitar el saqueo de Roma. Cuando los romanos comprobaron que la balanza para pagar ese rescate había sido amañada y protestaron airadamente ante tal abuso, el jefe galo echó su espada sobre la misma y exclamó Vae Victis! (¡Ay de los vencidos!).
Esta historia puede ilustrar muy bien qué ha significado esta última negociación del Convenio de Hostelería de Granada. Y, desde el SAT, ni vamos a lamentar nuestra suerte ni a pagar cánones sindicales a cuenta de quienes cotidianamente nos roban y nos traicionan. Ya conocemos el camino y sabemos tomar las decisiones que determinen nuestro futuro.

Paco Cabello.
Secretario del Sector Nacional de Hostelería del SAT

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